Los
residuos plásticos forman un total de un 7% del peso de los residuos generados
en ámbito doméstico, pero ellos suponen alrededor de un 20 % de su volumen. La
aplicación de los plásticos como envases y embalajes supone un gran e
importante consumo de plásticos de vida útil bastante corta, en torno a un año.
En
contraste con el papel, los plásticos no sufren una degradación debido a la
acción del tiempo o a los microorganismos. O lo que es lo mismo, los residuos
plásticos por lo general no son biodegradables y por lo cual constituyen a una
contaminación visual en el medio ambiente. Se cree que alrededor del 60% de los
residuos encontrados y acumulados en las costas son materiales de tipo
plástico. Sin embargo, en la actualidad en la fabricación de muchos tipos de
plásticos se añaden componentes, como puede ser por ejemplo el almidón, que les
otorga un carácter biodegradable, así la degradación inicial del almidón por
algunos microorganismos produce la formación de una serie de estructuras
porosas que hacen avanzar los procesos de oxidación y baja la resistencia
mecánica facilitando su pulverización.
En
la actualidad, se incineran en torno al 10% de los residuos de tipo plásticos,
aunque la proporción cambia de gran manera en los países más industrializados
pues cambia considerablemente tanto su uso como su producción, llegando a ser
de hasta un 80%, en países como Suiza.
Al
incinerar los plásticos para su destrucción se nos presenta un inconveniente, y
es que se emiten ciertos gases tóxicos en este tratamiento, según las
características químicas que posea el plástico en cuestión, además de destacar
el coste de este procedimiento, el cual también cambia. Hay plantas de
incineración muy modernas donde el riesgo medioambiental producido está
bastante reducido, y en conjunto es menos dañino que las descargas de los
vertederos de residuos.
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